LA LINEA 22 . ESPERANDO AUN SU INGRESO
Santa Fe acumula obras inconclusas, servicios a medias y una lista interminable de anuncios que jamás se concretan. Entre los casos más vergonzosos se destacan el Tren Urbano y la Línea 22 de colectivos, dos proyectos presentados como soluciones históricas para la movilidad urbana que hoy representan solo la postal del abandono y la desidia política.

A principios de enero de 2016, la ciudad de Santa Fe estrenaba un novedoso sistema de transporte público: el Tren Urbano. Dotado de dos vagones, el vehículo ferroviario fue pensado para conectar la zona de bulevar Gálvez con Dos Bosco, atravesando el Parque Federal y cruzando por debajo del Puente Negro de Aristóbulo del Valle.
Un recorrido de apenas 4 kilómetros que prometía un viaje de 15 minutos, con paradas en ocho apeaderos construidos desde cero por el municipio.
La expectativa fue enorme, pero el resultado fue un escándalo. El tren nunca prosperó: problemas técnicos, mecánicos, falta de mantenimiento y una pésima planificación lo condenaron al fracaso desde el primer día. Los meses pasaron entre idas, venidas y servicios interrumpidos, hasta que finalmente en 2019 fue retirado de las vías.
La anterior gestión decidió subastar los vagones para intentar recuperar una mínima parte del dinero público despilfarrado. Hoy, las estaciones vandalizadas y las vías abandonadas son un triste recordatorio de una promesa rota.
La Línea 22 de colectivos parecía venir a llenar otro histórico reclamo ciudadano: conectar de manera directa el oeste y el este de la ciudad, evitando los interminables desvíos hacia el sur para poder atravesar Santa Fe. La iniciativa surgió desde el Concejo Municipal, a partir de un proyecto enviado por el Ejecutivo local.
La parada inicial sería en Av. Santa Fe y Teniente Loza, siguiendo un extenso recorrido por calles como Teniente Loza, 12 de Octubre, Hugo Wast, Cafferata, Beruti, Blas Parera, Millán Medina, entre otras, atravesando de oeste a este hasta llegar a la Costanera.
Los concejales oficialistas, como María Beatriz «Titi» Barletta y Lucas Simoniello, celebraban la medida como un “paso fundamental” para mejorar los tiempos de viaje de miles de vecinos, conectar barrios periféricos como Las Flores o San Martín con instituciones clave como el Hospital Iturraspe o la UTN, y favorecer el acceso a espacios recreativos como la Costanera santafesina.
Pero la realidad fue otra: la Línea 22 nunca empezó a funcionar. Lo que se presentó con entusiasmo y discursos grandilocuentes quedó solo en papeles y promesas. Y lo peor es que, viendo la falta total de avances, todo indica que puede ser que jamás comience. Una vez más, la política local juega con las necesidades reales de los vecinos, prometiendo soluciones que ni siquiera intentan concretar.
El abandono de estos proyectos no solo representa una pérdida millonaria de recursos públicos, sino también una burla sistemática a los ciudadanos. Cada promesa incumplida no es un simple error de gestión: es una estafa moral, es robarle a la gente algo mucho más valioso que el dinero: la confianza.
Mientras tanto, el tiempo pasa, los problemas de transporte se agravan, y las soluciones reales siguen brillando por su ausencia. Eso sí: cada campaña electoral, los discursos sobre «modernización» y «conectividad» se reciclan como si nada hubiera pasado.
Santa Fe merece algo mejor que trenes fantasmas, colectivos fantasma y funcionarios que prometen lo que saben que no van a cumplir.
Con material de #InforMate.
