La familia de Rodrigo Aguilar sigue pidiendo justicia mientras se cuestiona al sindicato Soeva Luján por la falta de inspecciones preventivas en la bodega Millán.
Redacción Central ✍️ Diario Digital CM24HORAS
El 23 de abril, Rodrigo Aguilar, de apenas 29 años, cayó a un piletón mientras realizaba tareas de limpieza en la bodega Millán, ubicada en calle Varaschin, kilómetro 22. Investigan si se desvaneció tras inhalar gases tóxicos. A cinco meses de su muerte, la familia sigue sin justicia y con más preguntas que respuestas.
Según fuentes oficiales consultadas por este medio, la bodega no contaba con las medidas de seguridad necesarias al momento del accidente. Paradójicamente, las implementaron recién después de la tragedia. ¿Por qué no se actuó antes? ¿Dónde estaban los controles?
El sindicato Soeva Luján, encargado de velar por la seguridad laboral de los trabajadores vitivinícolas en la zona, debía realizar inspecciones y exigir condiciones seguras. ¿Se hicieron las verificaciones? ¿Hubo advertencias previas? ¿Por qué nadie intervino para evitar que un joven padre arriesgara su vida en un ambiente posiblemente contaminado con gases tóxicos?
La situación de la familia de Rodrigo es de total desamparo. Nadie del sindicato Soeva Luján se comunicó con ellos para ofrecer apoyo, contención o siquiera información. Tampoco recibieron respuestas de la ART, a pesar de que debería ser la primera en dar asistencia y acompañamiento.
El testimonio del encargado del lugar es estremecedor: Aguilar realizaba tareas de limpieza en el interior del piletón y, al no responder a un llamado para ser relevado, lo fueron a buscar y lo encontraron desvanecido dentro. Una ambulancia del Servicio de Emergencias Coordinado (SEC) llegó al lugar y constató la posibilidad de emanaciones tóxicas. Aguilar estaba trabajando con productos de limpieza en ese momento.
El caso sigue en manos de la justicia, con la intervención de la Ayudante Fiscal de turno, doctora María Luz Maturano, y personal de Policía Científica. Pero para la familia Aguilar, cada día sin respuestas es una nueva herida abierta.
CINCO MESES SIN JUSTICIA
Cinco meses después, la muerte de Rodrigo Aguilar no solo expone la falta de controles en la Bodega Millán, sino también la ausencia total del sindicato que debía protegerlo. Soeva Luján no solo no realizó las inspecciones preventivas que hubieran podido salvar su vida, sino que ni siquiera se comunicó con su familia tras la tragedia, dejándolos en un estado de desamparo y soledad.
Un sindicato que se presenta como defensor de los derechos laborales no puede mirar para otro lado cuando uno de los suyos muere en el trabajo. ¿Quién cuida a los que nos cuidan? ¿Qué garantías tienen hoy los trabajadores de que esta historia no se repetirá?
¿Para qué existe entonces el Sindicato Soeva Luján? ¿Quién controla a quienes deben controlar? La falta de respuestas de Soeva Luján y de la ART no solo agrava el dolor de una familia, sino que envía un mensaje peligroso a todos los trabajadores: que su seguridad no está garantizada y que, si algo pasa, quedarán solos.
Es hora de que las dirigencias sindicales den explicaciones y actúen, porque la vida de los trabajadores no puede seguir valiendo menos que el silencio institucional.
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