La renuncia de Eduardo Serenellini como secretario de Prensa de la Nación marca el fin de una interna en el gabinete. A pesar de su estrecha relación con el presidente Javier Milei, su papel fue cuestionado y finalmente perdió influencia ante la creciente poder de Manuel Adorni y Karina Milei.
Serenellini nunca logró el protagonismo que deseaba en su función, y su participación en actos oficiales y conferencias de prensa fue escasa. En su lugar, decidió viajar por el país para realizar entrevistas en medios locales y asumió funciones de «relaciones institucionales», lo que generó dudas entre sus colegas sobre su verdadero rol.
La salida de Serenellini refleja la consolidación del equipo de Karina Milei, y se espera que la nueva Secretaría de Prensa busque una mayor alineación con la estrategia comunicacional del presidente. Las áreas que quedaban bajo su dirección pasarán al control de Adorni, y su equipo estará sujeto a las disposiciones de Karina Milei.
