LA CRISIS DEL VINO GOLPEA A UNA HISTORICA BODEGA

LA CRISIS DEL VINO GOLPEA A UNA HISTORICA BODEGA

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Bodegas Bianchi reestructura pagos para esquivar el concurso de acreedores.

La profunda retracción del consumo interno y la caída de las exportaciones siguen dejando huella en la industria vitivinícola argentina. En ese contexto, Bodegas Bianchi, una de las firmas más tradicionales de Mendoza, confirmó que puso en marcha un proceso de reordenamiento de su cadena de pagos con el objetivo de evitar una presentación en concurso preventivo de acreedores.

La bodega, con sede en San Rafael y casi cien años de trayectoria, informó que la decisión apunta a preservar la continuidad operativa, sostener los puestos de trabajo y mantener el vínculo con sus proveedores históricos, en medio de un escenario que definió como “excepcional” para todo el sector.

“Abrimos una instancia de diálogo con toda la cadena de valor para acordar un esquema viable de normalización, priorizando la estabilidad de la compañía y la continuidad de las operaciones”, señaló la empresa a través de un comunicado oficial.

Desde la firma remarcaron que el proceso se apoya en los principios de transparencia y buena fe, y busca atravesar la coyuntura sin romper relaciones comerciales construidas a lo largo de décadas. Según fuentes del mercado, en los últimos meses la bodega había comenzado a postergar algunos pagos y, más recientemente, se registraron rechazos de cheques, lo que aceleró la necesidad de ordenar la situación financiera.

“El objetivo es evitar una medida extrema como el concurso y sostener relaciones comerciales de largo plazo”, indicaron desde el entorno de la compañía.

Un problema que atraviesa a toda la industria

La situación de Bianchi no es un caso aislado. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y noviembre de 2025 la comercialización total de vinos en el mercado interno cayó 3,7% interanual. A su vez, las exportaciones del sector cerraron el año con una baja del 6,8% en volumen, reflejando las dificultades para colocar producción tanto en el país como en el exterior.

Este escenario ya tuvo consecuencias visibles: en octubre pasado, Bodegas Norton se presentó en concurso preventivo de acreedores, con una deuda superior a los 40 millones de dólares, marcando un precedente que encendió luces de alerta en toda la cadena vitivinícola.

Mientras el consumo no logra recuperarse y los mercados externos siguen mostrando señales de debilidad, las bodegas enfrentan el desafío de sobrevivir financieramente sin perder estructura ni capital productivo, en una de las crisis más complejas de los últimos años para el vino argentino.