La central obrera prioriza acuerdos políticos y evita un paro sin apoyo pleno mientras el Senado define el proyecto.
La Confederación General del Trabajo (CGT) ingresó en un período de pausa estratégica que se extenderá hasta febrero, mes clave en el que el Gobierno busca avanzar con la media sanción de la reforma laboral en el Senado. La iniciativa, rechazada de manera transversal por sindicatos y organizaciones sociales, volvió a tensar la relación entre la central obrera y la Casa Rosada.
“Ya estamos en receso”, admitieron desde la conducción sindical, dejando en claro que la resistencia al proyecto continuará, pero recién se reactivará con fuerza tras el verano. La CGT sostiene su hoja de ruta: disputar la reforma en el plano institucional, judicial y en la calle, aunque sin apurar definiciones sobre un paro nacional.
El calendario político marca el ritmo
El tratamiento del proyecto quedó fijado para el 10 de febrero, fecha anunciada por la lider del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich. La demora se produjo luego de que el oficialismo no lograra avanzar en diciembre con el paquete completo de reformas durante las sesiones extraordinarias, tras el revés sufrido en Diputados.
Desde la CGT le adjudican ese freno a la presión sindical y a la articulación política con sectores de la oposición. Aunque la última movilización frente al Congreso mostró una convocatoria limitada, la central se anotó el retraso como un logro propio.
Alianzas antes que paro
Cristian Jerónimo, uno de los miembros de la CGT, explicó que el aplazamiento del debate permitió coordinar una estrategia común con gobernadores y senadores de distintas fuerzas. “Estamos trabajando de cara a febrero”, aseguró, y cuestionó con dureza el contenido del proyecto.
“Es una reforma totalmente regresiva, flexibilizadora y pensada para beneficiar a las grandes empresas”, advirtió el dirigente, quien sostuvo que la iniciativa no ofrece herramientas reales para la creación de empleo ni respeta los derechos laborales conquistados.
Un paro sin garantías
En la mesa chica de la CGT reconocen que el paro nacional sigue siendo una opción, pero solo como último recurso. El principal obstáculo es la falta de certezas sobre el acompañamiento de las bases en un escenario de fragmentación sindical y cambios en el mapa político.
Hoy, incluso, gremios estratégicos como la UTA no forman parte de la organización de una eventual huelga. El dato no es menor: sin transporte, un paro pierde impacto, pero sin respaldo masivo corre el riesgo de exhibir debilidad.
Además, varios dirigentes admiten que una porción de los trabajadores sindicalizados votó —y podría volver a votar— al presidente Javier Milei, lo que condiciona cualquier intento de radicalización y en este sentido la CGT pierde fuerza sindical en las calles.
Con el reloj corriendo hacia febrero, la CGT elige ganar tiempo, fortalecer alianzas y evitar un choque frontal sin red. La pulseada por la reforma laboral sigue abierta, pero el desenlace aún está lejos porque el Gobierno nacional tiene todo a su favor.


