CRISIS PROFUNDA EN LA VITIVINICULTURA: CAE EL CONSUMO, SE RESIENTEN LAS EXPORTACIONES Y AUMENTA LA TENSIÓN FINANCIERA

CRISIS PROFUNDA EN LA VITIVINICULTURA: CAE EL CONSUMO, SE RESIENTEN LAS EXPORTACIONES Y AUMENTA LA TENSIÓN FINANCIERA

Spread the love

Caída del consumo, precios estancados y bodegas bajo presión financiera.

La vitivinicultura argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. La combinación de menor consumo interno, retroceso en los mercados externos y precios estancados está poniendo en jaque tanto a productores como a bodegas, que comienzan a mostrar signos claros de agotamiento financiero.


Un mercado que no reacciona

El carácter cíclico del sector vuelve a quedar en evidencia, aunque esta vez con un agravante: la crisis ya no golpea solo al eslabón primario, sino también a la industria. La retracción del consumo se consolidó como uno de los principales obstáculos para la recuperación.

Según datos oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la comercialización de vinos entre enero y noviembre cayó 3,7% interanual. El retroceso fue más marcado en los vinos blancos, con una baja cercana al 10%, mientras que los vinos color mostraron una disminución más moderada.


Exportaciones en baja y cambios en el mix

El frente externo tampoco ofrece alivio. Las exportaciones totales de vino cerraron 2025 con una caída del 6,8% en volumen, arrastradas principalmente por los vinos color. En contraste, los vinos blancos lograron crecer y amortiguar parcialmente la caída general.

Por segmentos, el vino fraccionado mostró una baja cercana al 5%, mientras que el vino a granel sufrió el mayor ajuste, con una contracción superior al 13%. En este rubro se profundiza un cambio de perfil: los blancos crecen con fuerza y los tintos pierden protagonismo.


Precios que no alcanzan

La debilidad de la demanda impacta de lleno en los valores pagados al productor. Los precios del vino de traslado llevan casi dos años sin variaciones significativas, muy por debajo de la evolución de los costos.

El vino blanco genérico se paga entre $280 y $300 por litro, y el tinto entre $370 y $400. La uva muestra una dinámica similar: las criollas rondan los $180 a $200 por quintal y las tintas entre $300 y $320, valores que se repetirían en la próxima vendimia.


Eficiencia productiva en discusión

En este escenario, la rentabilidad depende de rindes elevados. Para que los números cierren, se necesitan producciones que superan ampliamente los promedios reales, según advierten referentes del sector.

Datos del Observatorio Vitivinícola Argentino revelan que variedades tradicionales presentan rendimientos muy por debajo de lo necesario, lo que deja a una gran cantidad de productores fuera de competencia. La discusión ya no pasa solo por erradicar viñedos, sino por reorganizar unidades productivas, ajustar costos y mejorar la eficiencia.


Vendimia 2026: primeras señales

Los relevamientos iniciales anticipan una vendimia más corta. Las primeras estimaciones indican una merma del 7% al 8% en Mendoza, aunque el número definitivo se ajustará en las próximas semanas.

Las proyecciones combinan observaciones de campo con mediciones técnicas en parcelas representativas. El diagnóstico preliminar confirma que la provincia enfrentará una cosecha menor, en un contexto de mercado poco favorable.


Bodegas bajo presión financiera

La crisis ya tiene correlato en los balances. Varias bodegas comenzaron procesos de reestructuración para sostener su continuidad. El caso más resonante fue el de Bodegas Norton, que ingresó en concurso preventivo con una deuda superior a los 40 millones de dólares.

A esto se suman las dificultades reconocidas por Bodegas Bianchi, que inició negociaciones privadas para reprogramar vencimientos, tras registrar un elevado volumen de cheques rechazados. La firma aseguró que trabaja en una propuesta de regularización para atravesar una coyuntura excepcional.


Procesos de normalización

No todas las señales son negativas. Algunas bodegas lograron encaminar procesos de saneamiento, como el caso de Atamisque, que avanzó en la regularización de gran parte de sus compromisos financieros tras el ingreso de un nuevo accionista mayoritario.

Desde la empresa destacaron que se canceló más del 80% de las deudas comerciales previas y que continúan las negociaciones para normalizar el resto, con el objetivo de consolidar un nuevo esquema operativo.


La vitivinicultura enfrenta así un punto de inflexión. Con menor consumo, precios retrasados y tensiones financieras crecientes, el desafío pasa por reordenar el negocio, ganar eficiencia y adaptarse a un mercado que cambió sus reglas.