El Titanic de los oportunismos: cuando la verdad sale a flote
Hubo una vez un Titanic al que se subieron muchos. Algunos necesitaron construir una identidad a partir de relatos, silencios y verdades acomodadas. Encontraron en el esfuerzo ajeno una oportunidad para alimentar sus propios egos y fabricar protagonismos que nunca les pertenecieron.
Pero todo Titanic tiene un destino. Y aquel, finalmente, se hundió en las profundidades de sus propias contradicciones. Cuando las aguas se llevaron los relatos, cuando los oportunismos dejaron de sostenerse y las versiones construidas comenzaron a desmoronarse, en la cima quedó una sola persona: aquella mujer que, en su momento, les abrió las puertas para subir.
Porque hay algo que no puede admitirse: que el esfuerzo ajeno se convierta en plataforma para alimentar vanidades personales. Que una conquista social termine transformada en moneda de cambio para quienes necesitan apropiarse de méritos que no construyeron.
La política pierde dignidad cuando la ambición personal se impone sobre la verdad. La historia no debería escribirse al ritmo de los oportunistas ni de quienes distorsionan los hechos para fabricar una identidad pública.
Los méritos se construyen con trabajo, convicción y hechos, no con relatos convenientes.
El tiempo pone a cada uno en su lugar. Los barcos pueden hundirse, los relatos pueden desaparecer, pero la verdad siempre encuentra la manera de salir a flote.
Y cuando eso sucede, queda a la vista quiénes construyeron el camino y quiénes simplemente se subieron al barco.




