La interna del PJ sigue abierta y condiciona a la oposición.
La pelea en el PJ bonaerense escala entre el kirchnerismo duro y Axel Kicillof. Mientras tanto, el oficialismo capitaliza la fragmentación opositora y acelera su agenda legislativa.
La crisis interna del peronismo volvió a quedar expuesta en las últimas horas. La disputa por el control del PJ bonaerense, que enfrenta a Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner con el gobernador Axel Kicillof, no muestra señales de distensión y mantiene al principal espacio opositor absorbido por sus propias tensiones, en contraste con un Gobierno que se muestra activo y a la ofensiva en el Congreso.
El calendario partidario marca hitos decisivos en los próximos días. Más allá de la fecha formal de recambio de autoridades prevista para marzo, el vencimiento de plazos para la presentación de avales y listas anticipa definiciones clave que podrían sellar una unidad forzada o abrir un escenario de confrontación interna.
“La discusión no es solo de nombres, sino de conducción política y estrategia”, admiten en voz baja dirigentes del PJ.
Una interna que paraliza
La pelea se concentra en el corazón del kirchnerismo. La continuidad de Máximo Kirchner al frente del PJ bonaerense es resistida por el armado político que responde a Kicillof, lo que profundiza una fractura que ya impactó en la gestión provincial y en el funcionamiento de la Legislatura.
El conflicto dejó al descubierto la falta de una conducción unificada y la dificultad del peronismo para ordenar una estrategia nacional, especialmente en el principal distrito electoral del país.
La tensión también se proyecta hacia afuera. Gobernadores peronistas, incluso aquellos que históricamente respondieron a Cristina Fernández de Kirchner, comenzaron a negociar de manera individual con la Casa Rosada, priorizando acuerdos legislativos y recursos antes que la lógica de bloque opositor.
El oficialismo, a la ofensiva
Mientras el peronismo discute puertas adentro, el Gobierno nacional avanza con su agenda en el Congreso. En el marco de las sesiones extraordinarias, el oficialismo logró instalar el ritmo del debate y retomar proyectos de alto impacto político, apoyado en negociaciones puntuales con mandatarios provinciales.
La reforma laboral aparece como el eje central de las conversaciones. En el oficialismo confían en reunir los votos necesarios para su aprobación en general en el Senado, aunque admiten posibles cambios en el tratamiento en particular ante cuestionamientos técnicos y legales.
“El contexto político nos favorece, la oposición está desordenada”, reconocen en despachos oficiales.
Un contraste que se profundiza
La decisión del Gobierno de sumar la reforma del Régimen Penal Juvenil al temario legislativo refuerza esa estrategia de mostrarse activo y en control de la agenda. El debate, que se dará en Diputados, promete ser extenso y sensible, pero el Ejecutivo apuesta a capitalizar la iniciativa política.
Del otro lado, el peronismo sigue atrapado en su interna. Las negociaciones entre el sector de Kicillof y el kirchnerismo duro continúan, pero dominadas por desconfianzas y vetos cruzados. Desde ambos espacios reconocen que una confrontación abierta sería “catastrófica”, aunque por ahora no aparece una salida clara.
“Nadie quiere ir a una guerra interna, pero nadie quiere ceder”, sintetiza un dirigente con peso territorial.
Días decisivos
Con los plazos corriendo y la tensión en aumento, el PJ bonaerense se encamina a definiciones que exceden lo partidario. Lo que está en juego no es solo la conducción del partido, sino la capacidad del peronismo para reordenarse como alternativa política, en un contexto donde el Gobierno aprovecha cada fisura para consolidar su avance legislativo.
Las próximas jornadas serán determinantes. Unidad, confrontación o una salida intermedia de compromiso: el desenlace todavía es incierto, pero el impacto político ya está en marcha.




