MILEI PONE A PRUEBA SU ESTRATEGIA CON LAS PROVINCIAS EN EL DEBATE POR LA REFORMA LABORAL

MILEI PONE A PRUEBA SU ESTRATEGIA CON LAS PROVINCIAS EN EL DEBATE POR LA REFORMA LABORAL

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La reforma laboral reordena apoyos y tensiones entre Nación y provincias.

La reforma laboral se convirtió en el principal punto de tensión —y negociación— entre la Casa Rosada y los gobiernos provinciales. A dos años del inicio de la gestión de Javier Milei, el esquema de confrontación que marcó el arranque del mandato dio paso a una etapa más calculada, donde el respaldo político se construye artículo por artículo y con costos explícitos.

 

La votación será una señal política decisiva: marcará si el Gobierno logró transformar el ajuste en capacidad de gobernar o si vuelve a chocar con el poder territorial.

Un giro forzado tras el primer fracaso

El gobierno nacional estuvo dominado por el conflicto con las provincias. El recorte de fondos, la parálisis de la obra pública y la eliminación de mecanismos de compensación derivaron en un quiebre que tuvo su punto más alto con la caída de la primera Ley Bases. Ese episodio dejó una enseñanza central: el equilibrio fiscal no reemplaza a los votos.

Con ese antecedente, el Ejecutivo reformuló su estrategia. Sin mayorías propias y con el ajuste ya consolidado, comenzó una etapa de negociación pragmática, donde los ATN, las deudas previsionales y las promesas de reactivación parcial de obras pasaron a ser herramientas de articulación política.

Provincias que acompañan, pero no gratis

Un bloque de gobernadores mantiene un vínculo funcional con la Casa Rosada. Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio, Jorge Macri, Leandro Zdero y Claudio Poggi respaldan la reforma laboral, aunque condicionan su apoyo a mayores garantías sobre infraestructura y flujo de recursos.

En un segundo anillo se ubican mandatarios que, pese a algunas diferencias, resultaron clave para la sanción de leyes en 2025. El mensaje es común: acompañamiento legislativo sí, resignación fiscal no.

El peronismo moderado y la advertencia económica

Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo encarnan una posición ambigua pero decisiva. Ambos coinciden en la necesidad de actualizar la legislación laboral, pero alertan sobre el impacto que el proyecto podría tener en provincias con economías más frágiles.

El eje del desacuerdo está en la reducción de impuestos coparticipables, que amenaza con profundizar las asimetrías regionales.

El planteo se repite entre distintos gobernadores: si el cambio avanza, el costo no puede recaer sobre las arcas provinciales.

Provincias Unidas: apoyo condicionado y freno al apuro

Córdoba y Santa Fe aparecen como actores centrales en cualquier votación ajustada. Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro sostienen un discurso crítico, pero evitan romper puentes. Defienden una reforma que facilite el empleo en pymes, aunque rechazan un tratamiento acelerado.

Junto a ellos, Ignacio Torres, Carlos Sadir, Claudio Vidal y Rolando Figueroa comparten una lógica similar: colaboración institucional con límites claros. El antecedente del Presupuesto 2026, cuando rechazaron artículos incorporados sin consenso, marcó un punto de inflexión.

La oposición que se organiza contra el ajuste

En el polo opuesto se ubican los gobernadores que decidieron coordinar una estrategia opositora. Axel Kicillof, Gildo Insfrán, Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gustavo Melella y Elía Suárez cuestionan el impacto federal del programa libertario y denuncian una pérdida sostenida de recursos.

Según sostienen, la reforma laboral no solo redefine derechos y obligaciones, sino que consolida un esquema de centralización fiscal que debilita a las provincias.

El factor dinero que define alineamientos

Detrás de cada posicionamiento aparece el ajuste. El gasto nacional cerró 2025 con una fuerte caída real y las transferencias a provincias fueron uno de los rubros más afectados. En ese escenario, los ATN recuperaron peso como herramienta política, concentrados en distritos clave para las votaciones.

Las deudas previsionales de la Anses suman otro foco de tensión y explican buena parte de la cautela de los gobernadores frente a los compromisos del Ejecutivo.

Una relación sin épica y con cálculo político

La discusión por la reforma laboral revela el nuevo patrón de relación entre Milei y las provincias. Ya no hay alineamientos automáticos ni rupturas totales: hay negociaciones fragmentadas, apoyos temporales y un Congreso que obliga a pactos frágiles.

En el tercer año de gestión, el Gobierno enfrenta un desafío central: convertir el ajuste en gobernabilidad. Los gobernadores, en tanto, buscan sostener su poder territorial sin quedar atrapados en una confrontación que ya no ofrece rédito político.