Trabajar por salarios dignos le costó el empleo a un vitivinícola de Mendoza: Críticas al manejo autoritario de SOEVA San Martín.
En la vitivinicultura mendocina, pedir un salario digno puede costar el trabajo. Eso es lo que le ocurrió a Ernesto Javier Aguilar, trabajador despedido el 19 de enero por la bodega Winpower S.A., luego de encabezar reclamos por mejoras salariales en la zona Este de la provincia.
En lugar de protección sindical, hubo silencio, burla y amenazas.
Aguilar era afiliado al SOEVA San Martín y uno de los referentes de los trabajadores autoconvocados que, cansados de sueldos que no alcanzan para cubrir la canasta básica, decidieron alzar la voz.
Un reclamo legítimo y una respuesta autoritaria
En diciembre, Aguilar planteó directamente al secretario general del gremio, Abraham Pereira, su disconformidad con lo que la (FOEVA) Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines negociaba en paritarias. El cuestionamiento era simple y contundente: los salarios vitivinícolas no alcanzan para vivir.
La respuesta, lejos de abrir un canal de diálogo, fue otra.
Según relatan los trabajadores, Pereira respondió con soberbia, tono amenazante y una burla abierta hacia quienes reclamaban un salario digno.
Un comportamiento más cercano al de un patrón molesto que al de un dirigente sindical elegido para defender a sus afiliados.

Amenazas primero, despido después
Tras aquel encuentro, Aguilar comenzó a recibir amenazas. Un mes más tarde, el telegrama de despido selló lo que muchos ya temían.
El mensaje fue claro: el que reclama, paga las consecuencias.
La secuencia deja al descubierto una práctica grave y preocupante: la persecución sindical interna contra quienes no se alinean con una conducción que parece más interesada en disciplinar que en representar.

¿Sindicato o herramienta de disciplinamiento?
En los pasillos de la actividad vitivinícola, crece una pregunta incómoda:
¿Para qué sirve un sindicato que no defiende a sus trabajadores cuando reclaman salarios que superen la pobreza?
Si un trabajador es despedido por reclamar lo que corresponde, el problema no es el reclamo, es la dirigencia que lo abandona.
La actitud del secretario general de SOEVA San Martín aparece, para muchos trabajadores, como cobarde y funcional a los intereses empresariales, castigando a quienes se animan a cuestionar acuerdos que no alcanzan.
Defender el trabajo no debería ser un riesgo
El caso de Ernesto Aguilar expone una realidad que atraviesa a gran parte del sector: salarios bajos, representación sindical cuestionada y miedo a represalias.
Reclamar no es un delito. Defender el salario no es traición. Y un sindicato que persigue a sus afiliados deja de ser sindicato.
Mientras tanto, los trabajadores vitivinícolas siguen esperando lo básico: un sueldo que alcance y dirigentes que los defiendan, no que los señalen.



