Se frustraron las reuniones con Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro y quedó expuesta la debilidad de la central obrera por la reforma laboral.
La conducción de la CGT salió a buscar respaldo político donde todavía persiste el poder territorial: los gobernadores dialoguistas, críticos del gobierno de Javier Milei pero abiertos a la negociación. El objetivo era frenar o condicionar la reforma de modernización laboral. El resultado fue el opuesto: reuniones que no existieron, agendas desmentidas y una señal política contundente sobre la pérdida de centralidad de la central sindical.
REUNIONES QUE NUNCA FUERON
Las cumbres que el triunvirato cegetista daba por cerradas con Martín Llaryora (Córdoba) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe) finalmente no se concretaron. Desde la CGT hablaron de suspensiones por “cuestiones de agenda”, pero desde el Centro Cívico cordobés fueron tajantes.
“Nunca estuvo en la agenda”, aseguraron desde el Panal, en una desmentida que dejó expuesta la fragilidad del armado sindical.
SIN RESPALDO DE LOS GOBERNADORES
El mismo escenario se repitió con otros mandatarios provinciales como Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), donde tampoco hubo reuniones ni acuerdos formales.
Ante ese vacío político, la CGT anunció una “cumbre recargada” de su Consejo Directivo, en un intento por recomponer hacia adentro lo que no logró consolidar hacia afuera.
La central obrera conserva capacidad de movilización, pero perdió peso real en la toma de decisiones.
DOS ESTRATEGIAS SINDICALES, UN MISMO LÍMITE
Mientras las CTA avanzan con llamados a paro y movilización, la CGT insiste con una estrategia más clásica: negociar con gobernadores. Sin embargo, los resultados fueron nulos.
El endurecimiento discursivo de dirigentes como Pablo Moyano aparece más como una catarsis política que como una herramienta de presión efectiva en el nuevo tablero de poder.
CÓRDOBA Y SANTA FE: LOS VOTOS QUE DEFINEN
“La reforma laboral es de Milei y vienen a protestar acá”, deslizó un funcionario cercano a Llaryora. El dato clave no es la foto que no se sacó, sino lo que viene: los votos de Córdoba y Santa Fe serán decisivos cuando el proyecto llegue a la Cámara de Diputados.
Ambas provincias concentran peso económico, representación parlamentaria y volumen político suficiente para inclinar la balanza.
EL EQUILIBRIO DEL GOBERNADOR LLARYORA
Llaryora camina un sendero complejo:
✔ No confrontar con Milei, que mantiene alto apoyo en Córdoba
✔ Contener la conflictividad sindical local
✔ Administrar las tensiones internas del peronismo provincial
En ese equilibrio inestable, la CGT no aparece como un actor prioritario.
A esa presión se suma el frente empresario. El gobernador recibió una carta de Pía Astori, presidenta de la Fundación Mediterránea, donde el sector privado cordobés fija postura sobre la reforma laboral que comenzará a debatirse en el Senado.
“Es irrelevante la opinión personal del gobernador en este tema”, señalaron cerca de Llaryora, marcando distancia del debate.
EL FACTOR SCHIARETTI Y LA INCÓGNITA CORDOBESA
El regreso de Juan Schiaretti al bloque de Provincias Unidas agrega una variable clave. Su posición puede ordenar o desordenar al cordobesismo legislativo en un debate sensible.
En paralelo, Llaryora liberó el voto de la senadora Alejandra Vigo, quien será la primera del espacio en expedirse formalmente. Hasta ahora, no hubo línea clara para los diputados nacionales que responden al gobernador.
Son seis los legisladores bajo su órbita:
Juan Schiaretti, Carlos Gutiérrez, Ignacio García Aresca, Juan Brügge, Carolina Basualdo y Alejandra Torres.
“Le dio libertad de acción a Vigo, y después en Diputados volverá a charlar”, admiten en Provincias Unidas.
UN ACTOR BISAGRA EN EL DEBATE LABORAL
En el Senado, el oficialismo podría avanzar aun sin el voto de Vigo. Pero el escenario cambia en la Cámara baja, donde cordobeses y santafesinos pueden convertirse en un bloque decisivo.
En ese tablero, la falta de definiciones claras y la ausencia de la CGT en la mesa de negociaciones transforman a Córdoba en un actor bisagra y dejan al sindicalismo tradicional mirando desde afuera el debate que buscaba liderar.



